La desafinada

Pocas veces en nuestras vidas nos encontramos con situaciones bochornosas ajenas que nos divierten tanto. Lo siguiente es un relato de lo que me pasó hace tiempo en el autobús.

Estaba yo en San Juan del Río en el cumpleaños de Jazz, eran como las 9:30 cuando le caí a la terminal de San Juan. Estando en la central, había unas cuantas personas esperando el último camión a Tula, como yo. Me despedí de la cumpleañera y su linda familia y me dispuse a sentar a esperar el camión, pero noté una presencia muy rara a mi lado.

Resulta que había una ñora de aproximadamente unos 35 años escuchando música, la ñora era morena requemada (no nació muy morena, se hizo quemándose en la calle), tenía pelo corto y estaba sobremaquillada, con un pantalón crema entallado y un sueter café holgado, las uñas estaban mal pintadas de color morado y tenía una mirada extremadamente profunda, daba miedo si se le veía de frente, como si estuviera a punto de echar un grito ezquizofrénico. No alcancé a ver bien el reproductor que tenía pero parecía un walk-man porque estaba algo aparatoso.

La neta ni le di importancia hasta que comenzó a hablar… sola. Se sentó a mi izquierda, y a su izquierda estaba otro tipo mandando un mensaje por su celular. Después de echarse su monólogo (no sé de qué) se fijó en el celular del tipo de al lado y le pidió que le reglara una llamada, a lo que él simplemente contestó “no traigo crédito” y se volteó.

“La loca” (a quién así llamaremos de ahora en adelante) simplemente se volteó también, y escupió hacia el frente diciendo palabras en bajo volumen, mirando a sus manos y moviéndose hacia adelante y hacia atrás, como si fuera autista. Yo preferí esperar sin darle importancia, no había mucho qué ver ni platicar. Continue reading